ADIÓS, SAVÍN

ADIÓS, SAVÍN

Por Manuel Zepeda Ramos

 

 

Mil novecientos veintinueve. Nacieron el mismo año.

Ser de la misma edad los marcó para siempre; tanto, que vivieron un romance durante muchos años y en diferentes tiempos, de profundo amor pero también de grandes tormentas.

Ella llegó a Xalapa a consolidar muchos años de preparación de la gran ciudad que se iba a convertir, con su presencia, en la ciudad de la cultura como hoy México y el mundo la conoce.

Él llegó a la capital de Veracruz en un momento que ella necesitaba de él: Limantour les había dado a sus integrantes seguridad en el oficio, fortaleza de sentirse profesionales en su quehacer musical, sentirse útiles a la sociedad. Ahora llegaba  a realizar un trabajo individual de muchos años: más de 20 en tres momentos que les dio tempo, armonía, reacción pronta que les permitiera dar el gran paso necesario para conquistar el mundo.

Hablo de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, la más antigua de México y de Francisco Savín Vázquez, su más importante director: nudo atado eternamente.

Savín vino al mundo a ser músico y no cualquier músico. Siempre, en toda su vida, estuvo en constante preparación y estudio.

Alumno distinguido de armonía con Alfonso de Elías, de composición con Rodolfo Halffter y dirección de orquesta con Luis Herrera de la Fuente, Hermann Scherchen y Jean Giardino, partió al viejo mundo para estudiar en Praga. Era 1958.

El viaje de Savín se convirtió, en mi familia, en un referente para toda la vida.

Eran cinco los jóvenes mexicanos que irían a aquella ciudad de sueño que te sorprende en cada calle que recorres. Uno de ellos era mi hermano mayor, Eraclio, que acababa de escribir Benzulul y empezaba a tener su primer libro de cuentos -los indígenas hablaban por primera vez en primera persona-, especial acogida en los países de Europa. Nuestro padre, que lo conocía muy bien y sabía de lo que era capaz de hacer, no le concedió el permiso para viajar por ser menor de edad. Real tragedia para Eraclio -que siempre fue referencia en sus conferencias y lecturas-, pero más para mi padre que lo adoraba con toda su alma. Dos años después, ya siendo ciudadano mexicano, parte para Cuba a la Universidad de Oriente, en Santiago, para ser maestro de literatura latino americana. Llega el mismo día en que los contra revolucionarios atacan el aeropuerto Los Baños y las primeras bajas de jóvenes milicianos se hacen presente. Allí mismo se da de alta y combate al lado de los cubanos en Playa Girón.

A partir de allí, Eraclio no habría de parar de viajar por todo el mundo, durante muchos años, hasta que llegó a Praga. A partir de allí, decía él, sintió una enorme necesidad de volver a México.

Mientras, Francisco Savín regresa de Europa con un sólido conocimiento de la Música Nueva, amando profundamente la música de Gustav Mahler, Schöemberg, Penderecki y Scriabin, con una fuerte influencia del director rumano Sergio Celibidache dedicándose, para bien de la música en México, a dirigir orquestas.

Así, dirigió la orquesta sinfónica de Xalapa por vez primera, antes de que formara parte del patrimonio de la Universidad Veracruzana dándole, como ya dije líneas arriba, esa personalidad que ya no habría de perder a lo largo del tiempo.

Francisco Savín dirigió el conservatorio Nacional de Música y su correspondiente orquesta la Sinfónica Carlos Chávez, el Departamento de Música de Bellas Artes y a su Orquesta de Cámara y su orquesta de la Compañía Nacional de Danza, fue subdirector de la Orquesta Sinfónica Nacional para posteriormente asumir la Dirección Artística. También dirigió la Orquesta de Cámara de la UNAM y la Orquesta de la Escuela de Música en el Centro Cultural Ollin Yolistli.

Francisco Savín fue director huésped de todas las orquestas sinfónicas de México, así como orquestas sinfónicas de la República Checa, Italia, España, Polonia, Centro y Sudamérica.

Su obra Quetzalcóatl -poema para dos narradores y orquesta-, se estrenó con la Orquesta de la Ópera en México, dirigida por él y, ya estando en Praga, se estrenó en Europa con la Orquesta de la Radio de Praga.

No hay un solo director de orquesta en el México contemporáneo, que se precie de serlo, vivo o muerto, que no se haya expresado bien de la enorme calidad de su trabajo musical.

Hace unos días, Francisco Savín Vázquez dejó de existir a los 88 años.

Para la Universidad Veracruzana y su Orquesta Sinfónica, la Orquesta Sinfónica de Xalapa, se considera su desaparición como de una enorme pérdida. Sus más de 20 años dirigiéndola, la marcó para bien. Le dio esa seguridad que una institución del tamaño de la OSX debe de tener para atreverse a tocar lo que la inteligencia musical del Mundo ofrece, como lo hacen las mejores orquestas del Planeta.

Recuerdo con gran satisfacción el Festival Junio Musical, que él fundó y le dio a Xalapa la enorme posibilidad de que cada año se pudiera ver en la Sala Grande del Teatro del Estado, hoy teatro Emilio Carballido, la ópera compuesta por los grandes de la historia.

Pero también recuerdo la edición del disco con la marca muzart con la música de Candelario Huiízar, cuando nadie había rescatado del olvido a ese enorme compositor mexicano.

También viene a mi memoria El Poema del Éxtasis, de Alexander Scriabin, ejecutado por la Orquesta Sinfónica de Xalapa, en Xalapa y Bellas Artes, acompañado por la obra pictórica de Yolanda Savín, su esposa, porque decía el maestro que la música era también color y por lo tanto motivo de interpretación.

Recuerdo Gurrelieder, un ciclo de canciones compuestas por Arnold Schöenberg, que Savín interpretara en Xalapa y Bellas Artes,  ensamblando a la Orquesta Sinfónica de Xalapa la Camerata Juvenil de la SEC, integrando una orquesta de prácticamente doscientos músicos.

El gran intérprete de Mahler en México, Francisco Savín, le ofreció al público de Xalapa, del estado de Veracruz y de México, todas las grandes sinfonías de este monstruo austríaco del postromanticismo. La Octava, la Sinfonía mil, fue ejecutada con enorme calidad con la presencia de cientos de cantantes llegados de todas partes del país a Xalapa y al Palacio de Bellas Artes. Mi hijita Paulina, que formaba parte del coro infantil de Ana Elgarte -qepd-, cantó con mucho orgullo esta sinfonía ya inolvidable para ella. Hasta el Palacio de Bellas Artes fuimos toda la familia, mi hermano Eraclio encabezando la expedición, para saludar a su amigo becario de Praga.

Que en paz descanse Francisco Savín Vázquez, músico mexicano inmortal que tanto bien le hizo a Xalapa, a la Universidad Veracruzana y al país.

Un artista que se atrevió a hacer y proponer música nueva de calidad, escrita en el Mundo contemporáneo por músicos de verdad.

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