TAL CUAL

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Ni una sola mención a los diputados, ¿por qué?

En esto de hacer periodismo —si pergeñar cuartillas pudiere recibir ese nombre—, soy de la idea de que cada uno debe responder por sus actos.

 

 

Por ÁNGEL VERDUGO

 

Una vez más, The New York Times se ocupa de nuestro país. No es ésta la primera vez, tampoco será la última. Estimula, para los interesados en nuestros problemas estructurales, que un medio de la presencia internacional de aquél y dada su influencia global, nos tenga entre sus temas favoritos.

Sin embargo, preocupa la falta de rigor en el más reciente: Using Billions in Government Cash, Mexico Controls News Media. De estar interesado en el tema, y no haberla leído, aquí lo podría hacer:
https://www. nytimes.com/2017/12/25/world/americas/mexico-press-government-advertising.html?_r=0

No daré mi opinión acerca del texto mismo y sus detalles porque, usted —al igual que muchos mexicanos— conoce del tema, así como de los detalles que ahí se dan. No entraré a juzgar tampoco, lo que no me corresponde; en esto de hacer periodismo —si pergeñar cuartillas pudiere recibir ese nombre—, soy de la idea de que cada uno debe responder por sus actos.

Lejos estoy de blandir la espada de La
Moral Republicana para cubrir de adjetivos a tantos que no conozco; a los que conozco y sigo, aparte de que de poco les serviría mi defensa y elogios por su probidad y honradez, su trayectoria personal y profesional, así como sus actos y dichos, los protegen de calumnias y juicios ligeros.

Lo que sí me interesa comentar, es lo que considero una omisión en un trabajo de esta importancia y efectos: la nula mención del origen de los recursos públicos para comunicación, autorizados a los gobiernos de los tres órdenes.

¿Nuestros gobernantes gastan en su promoción miles de millones de pesos, casi siempre inútilmente? ¡Por supuesto! Afirmarlo, así fuere en un medio del prestigio del New York Times sin dar el elemento de origen que hace posible dicho dispendio, me parece poco profesional. ¿Y cuál es ése?

En nuestro arreglo constitucional, todo el recurso público se rige por lo que claramente establece el artículo 74 de la Constitución en su Fracción IV, la cual transcribo enseguida:

Artículo 74. Son facultades exclusivas de la Cámara de Diputados: 

IV.  Aprobar anualmente el Presupuesto de Egresos de la Federación, previo examen, discusión y, en su caso, modificación del Proyecto enviado por el Ejecutivo federal, una vez aprobadas las contribuciones que, a su juicio, deben decretarse para cubrirlo...

Esta disposición tiene su reflejo en las constituciones de los estados por lo que, cualquier partida presupuestal, como dije, está regida por el contenido de esa Fracción.

En consecuencia, si lo buscado fuere —más allá del amarillismo y la corrección política—, reducir o eliminar los recursos públicos asignados para la difusión de la obra de gobierno y campañas de promoción útiles a la sociedad, el remedio está en la Cámara de Diputados al margen del impacto mediático de éste u otros artículos acerca del mal uso de dichos recursos.

Ellos son los responsables porque, sabedores de la realidad en el uso de las partidas para comunicación, nada hacen por enfrentar y sentar las bases de la solución de este problema.

La pregunta queda pues ahí: ¿Por qué en el artículo del New York Times, nada se dice de esto? ¿Acaso suponen que el gobernante, federal, estatal o municipal puede, de manera absoluta, gastar sin control en comunicación?

Malo que el gobernante haga un pésimo uso del recurso público; peor que los responsables de autorizarlo no aparezcan, ni por accidente, en el artículo. ¿Por qué? ¿Acaso por lo mismo que señalan de no pocos medios mexicanos?

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