HOSPITAL DEL ALMA

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Por El Duque de Santo Ton

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Duque de Santo Ton:

Siempre he sentido mucho placer al momento de tener sexo, pero últimamente no me estaba gustando tanto y no sé por qué. El caso es que leí que sería una buena idea que mi novia me metiera un dedo por el ano, lo cual no solamente me escandalizo y ofendió en un principio, pero cuando me convencí y lo probé,  me encantó. El problema es que mi mujer tiene sus dudas ¿Cómo la convenzo de que es algo normal? Los hombres no aceptan la posibilidad de que les metan un dedo en esa cavidad y, mucho menos, aceptan que les encante. Me imagino que puede ser un tabú o puede ponerse en duda su sexualidad. Es una gran equivocación: un sexólogo de la Ciudad de México me explicó ya que el punto G masculino está en la próstata, localizada justo detrás de la pared anal, así que al estimular esa zona, el placer puede ser increíble.

Eulalio

Ocosingo

 

Querido Eulalio:

Yo también había escuchado esa teoría aunque jamás la pondría en práctica, ya que después de que un hombre ha permitido que le introduzcan un dedo en esa zona prohibida no se sabe si en realidad disfruta el famoso masaje prostático o la metida de dedo, una práctica erótica muy usual entre quienes gustan del arroz con popote o de cachar granizo.

 

Querido Duque de Santo Ton:

Tengo 30 años de edad y quisiera saber cuál es el promedio estadístico de parejas sexuales de mujeres de mi edad. Aclaro: soy soltera y creo que tengo una vida muy normal, pues me he acostado con siete tipos a lo largo de toda mi vida ¿eso es mucho o poco?

Ana Lucía

San Cristóbal

 

Querida Ana Lucía:

Depende de la mujer: para una treintona decente son muchos y para una treintona golfa, son muy pocos. 

 

Querido Duque:

Mi esposo acaba de cumplir los cuarenta años, y no sé si por la crisis de la edad mediana o qué, me salió con que ahora le gusta el sadomasoquismo. Yo no sé qué clase de puteros está frecuentando porque jamás me imaginé que me saliera con reverenda pendejada. No sé cómo reaccionar.

Maura

Tuxtla Gutiérrez

 

Querida Maura:

Lo primero es no escandalizarse. El sadomasoquismo no es una práctica pecaminosa, y es más común de lo que se cree. Es una costumbre que une a las parejas que —por desgaste o por simple mojigatería— dejan de innovar y terminan por aburrirse del sexo. Si tu marido tiene esos antojos es porque quiere probar sexualmente, y esa es una actitud sana que debería gustarte. Recuerda que el sadomasoquismo es un juego mental y no una tortura. El placer se deriva de que a una persona le guste controlar o estar controlada. Por lo tanto, la violencia no siempre es real, sino una actuación que tiene que ser moderada y debe tener el consentimiento de ambos. Es admirable que él te haya dicho abiertamente lo que quiere, y por eso es hora de que entres al juego. Pero, ojo: procura que cada movimiento sea hablado previamente, que los límites queden claros, así se garantiza que a él no se le pase la mano y termine confundiendo sadomasoquismo con agresiones reprochables. Eso sí, no se contengan si a los dos les gustan los amarres, las cachetadas y, por qué no, los latigazos.

 

Querido Duque:

Desde que dejé de ser niña y me hice mujer, me excita muchísimo que me digan cosas obscenas, muy procaces. El otro día iba con tirantes y minifalda por el calor que hacía y cuando pase delante de una obra, los albañiles empezaron a decirme cosas muy subidas de tono. Me puse tan caliente, que tuve que entrar a los baños de un restaurante a masturbarme ¿Estoy enferma?

Eva

San Cristóbal

 

Querida Eva:

No creo que estés enferma, simplemente eres muy caliente. Trata de controlarte, mujer.

 

Duque de Santo Ton:

La otra noche día fui al trabajo de mi mamá. Ella es secretaria de un político muy importante y a veces sale tarde, como a las 11 ó 12 de la noche, y me da un poco de pendiente que regrese sola a casa,  aunque su carro es último modelo (2018), así que a veces paso por ella. Como decía, cuando llegué al edificio de la dependencia y salí del elevador, vi que la puerta del privado estaba cerrada. Yo pensé que era algo normal, sobre todo por seguridad. Toqué un timbre y nadie salió a abrirme, pero vi luz y escuché de pronto ruidos y gemidos sexuales, supuse que era otro privado y que mi mente estaba ideando cosas. Volví a tocar y no me abrían, escuché besos y más ruidos y mi mamá decía “sí, ya casi me vengo”, así que le marqué a su celular y no contestaba. Yo no sabía qué hacer, si irme, seguir tocando o gritar, no sabía qué hacer, así que repetí todo: toqué el timbre, llamé y estuve 15 minutos parado fuera del privado del jefe de mi mamá, hasta que por fin me oyeron. El licenciado caminó de prisa a la recepción. Volví a tocar y me abrió el licenciado, sin darse cuenta de que tenía abierta la bragueta y se le miraba el bóxer. No me dio la cara y se metió rápido al baño. Me dijo -ahorita sale tu mamá, está haciendo una impresión de computadora. Poco después apareció mi madre, tan guapa como siempre, y me dijo: “me siento un poco calientita, como si me fuera a enfermar”. El jefe de mi madre tiene esposa e hijos y no me parece justo que mi mamá abuse de la confianza que se deposita en ella.

René

Tuxtla Gutiérrez

 

Querido René:

Por lo visto tu madre es una mujer sin compañero sexual, así que no le viene mal satisfacer el cuerpo con su jefe, pues además de obtener placer, también consigue otro tipo de prebendas, como ese coche último modelo que mencionas. Ahora que si no lo hace por gozar, sino para obtener dinero extra y darse sus lujos, también está bien, pues su cuerpo es de ella y puede utilizarlo para lo que más le convenga, no te atrevas a juzgarla, Dios no lo permite. 

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