HOSPITAL DEL ALMA

HOSPITAL DEL ALMA

Por El Duque de Santo Ton

(Consultas gratis: santapiedra@gmail.com)

 

Duque de Santo Ton:

Conocí a mi esposa hace muchos años, actualmente llevamos 6 años de matrimonio y casi 13 de relación. Al graduarnos de la universidad, ella consiguió un muy buen empleo, comenzando a ganar mucho dinero, pero quería estudiar un posgrado. Yo la apoyé, incluso hacía los quehaceres de la casa y me encargaba de casi todos los asuntos relacionados con el hogar para que ella no tuviese distracciones y se pudiese concentrar en su trabajo y en los estudios. Yo lo hacía como actividades adicionales a mi trabajo (no tan glamoroso ni tan bien pagado como el de ella). La cuestión es que ella, al ganar mucho más dinero que yo, fue cambiando poco a poco, ante los demás hablaba en primera persona (yo pago, yo tengo que sostener, yo compré, etc.), y muchas veces me echaba en cara que ella aportaba más económicamente que yo y por lo tanto esto le debía generar más respeto, incluso desde su propia familia se me comenzó a ver injustamente como un mantenido. Muchas veces yo bajaba la cabeza y me deprimía el hecho de pensar que ella no me respetaba como hombre por el hecho de no ganar unos cuantos pesos más que ella, y que en muchas ocasiones indirectamente yo era comparado con la gente que ella conocía o sus compañeros de trabajo los cuales tenían “éxito” laboral. Afortunadamente, pude poner un negocio aparte de mi trabajo, con el que tuve ingresos extras considerables, y hasta llegué a ganar más de lo que ella ganaba, porque hace poco la despidieron. Asumí todos los gastos en una forma generosa y sin recriminación alguna (como una verdadera pareja que da apoyo mutuo) y de manera muy distinta a su actitud mostrada cuando yo me quedé sin trabajo mucho tiempo atrás.

Horacio

Arriaga

 

Querido Horacio:

Creo que debiste haberle cobrado a tu mujer todas y cada una de las veces que te humilló. Horacio, es verdad que algunas mujeres, sobre todo las que saben hacer paga, se cuestionan sus deberes y obligaciones en el hogar, pero debes recordar que tú eres el hombre y por lo tanto el jefe de la casa. Un par de cachetas a tiempo te hubieran ahorrado muchos sinsabores.

 

Querido Duque:

Adoro a mi marido, pero él tiene 45 años y yo 28, una considerable diferencia de edades. Llevamos cuatro años de casados y desde el principio decidimos contarnos toda nuestra vida anterior. Evidentemente, de haber sabido que me iba a salir con semejante pendejada, hubiera preferido que no me contara nada. Desde siempre él ha sido un mujeriego. Ha tenido la “suerte” de conocer muchas mujeres, y sus relaciones eran muy escandalosas. Andaba con toda mujer que se topara, fuera soltera, casada, gorda, flaca, fea, bonita, a todas se las llevaba a la cama y si eran “señoritas” se sentía mejor. Como trabaja en el ramo de la hotelería se le daba muy fácilmente eso de conocer a todo tipo de mujeres. Es atractivo, tiene labia y personalidad, y tuve oportunidad de comprobar que andaba incluso con varias al mismo tiempo. Como producto de esas relaciones actualmente es padre de tres hijos con mujeres distintas, aunque él dice que no tuvo nada serio con ellas, que eran ligues de una noche. He tenido la oportunidad de conocer a dos de esas mujeres y ellas mismas me han confirmado que efectivamente no hubo nada concreto con ellas, sólo un romance pasajero. Cuando yo lo conocí era así, yo lo sabía perfectamente. Trabajábamos en un hotel que tiene bar y cada mujer que entraba ahí estaba relacionada con él o lo había estado, o quería algo con él. Durante meses fue horrible, hasta que le di a elegir entre esa vida o yo. Por fortuna él decidió quedarse conmigo y prometió cambiar y empezar a ser hombre de una sola mujer. Ahora no tengo ningún motivo para desconfiar, se porta maravilloso conmigo y jamás sale sin mí a ningún lado. No me da motivos de dudas, pero aun así no consigo dejar de sentir celos o que me duela el recuerdo de todo lo que hizo antes.

Emma

Tuxtla Gutiérrez

 

Querida Emma:

Mejor ni pienses en ese tipo de cosas, porque yo estoy seguro de que tu marido te sigue poniendo el cuerno, pues a los hombres mujeriegos nunca se les quita la mala maña.

 

Querido Duque:

Soy una chica de 25 años de edad y me muero de tristeza porque terminé con mi novio. Lamentablemente  él es casado y vive cerca de mi casa, así que tengo que seguirlo viendo hasta cuándo va por la calle con su familia. Nuestra relación duró tres años y cuatro meses. Al principio era normal, más que amor fue atracción. Luego nos fuimos enamorando más y más. Todo iba muy bien, pero hace como un año mi mamá nos descubrió. Yo decidí terminar esa relación por vergüenza con mi mamá, pero él no permitió eso. Habló con mi mamá y le dijo que él me amaba, que se iba a divorciar y volvimos. Después de todo eso era felicidad plena, pero luego su esposa se dio cuenta de que yo existía y me armó un escándalo en mi casa. Luego de eso él cambió mucho, para mí no ha sido fácil, le creí todo. Bueno, decidí terminar con él porque se ha dedicado a su familia y a su trabajo. Me duele mucho porque yo lo amo y me hubiese encantado compartir mi vida con él, ya que en el fondo es un buen hombre.

Hilda

Tuxtla Gutiérrez

 

Querida Hilda:

Me parece que la vida te ha dado todo menos decencia ¿cómo se te ocurre ser la amante de tu vecino y que además es casado? Tal vez si su relación no hubiera pasado de una noche romántica te entendería, pero que hayas durado años revolcándote con el tipo y con la anuencia de la alcahueta de tu madre es algo que simple y sencillamente no me cabe en la cabeza.

 

Duque:

Estudio en la preparatoria más cara de todo Chiapas, y pese a ello la escuela está llena de gente demasiado vulgar, sin idea de lo que es el roce social. Hace poco ingresó un alumno recién llegado de Puebla, muy rubio y refinado, y todos los malandrines del salón empezaron a molestarlo y a decirle que parecía mujer. A la hora de salir, uno de los compañeros tuvo la “brillante” idea de hacerle “calzón chino” al recién llegado, como novatada. Ese juego consiste en levantar a la víctima del suelo usando el elástico de sus calzones hasta que se revientan. Yo estaba avergonzada por el proceder de mis compañeros, pero no pude carcajearme cuando me di cuenta de que el tipo usaba calzones de mujer, te lo juro. Fue muy humillante para él pero muy divertido para todos los demás.

Andrea

Tuxtla Gutiérrez

 

Querida Andrea:

Eres lo que se llama un lobo con piel de oveja. Aparentas tener humanidad y compasión pero en realidad eres igual de zorra que todos los demás que se amparan en la pertenencia a un grupo para abusar de los demás.

 

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