HOSPITAL DEL ALMA 17/17/18

HOSPITAL DEL ALMA 17/17/18

Por El Duque de Santo Ton

(Consultas gratis: santapiedra@gmail.com) 

Querido Duque:

La semana pasada fui a una de esas tiendas departamentales muy grandes que hay en el centro comercial de las galerías, y como nadie me atendía, me probé unos zapatos yo solita porque me urgía tenerlos para la graduación de la escuela en la que estudian mis hijitas. Me puse un par que me calzaba perfecto, con un moñito muy coqueto y todo, hasta caminé con ellos, y aunque estaban bastante caros, ya me los iba a comprar, cuando llegó una señorita empleada y me dijo que no me anduviera probando los zapatos sin medias, que estaba prohibido por la gerencia. A mí me molestó mucho, pues la muchacha, en pocas palabras, puso en duda que yo tuviera hongos en los pies o que me apestaran. Le dije que en Tuxtla casi ninguna mujer usa medias para salir a la calle, y la señorita me contestó que probarse zapatos con los pies sudados es antihigiénico, para mí y para las otras clientas. Quise contestarle una grosería, pero preferí no hacerlo, le regresé sus cochinos zapatos y me salí sin comprar nada.

 

Francisca

Tuxtla Gutiérrez 

Querida Francisca:

Lamento decirte que esa mujer tenía razón. Tú no sabes si esos zapatos del moñito ya se los había probado otra mujer que con pie de atleta o alguna otra enfermedad en los pies. Cuando quieras probarte zapatos procura llevar unas medias o unas tobimedias para no arriesgarte a un contagio. 

Querido Duque:

Yo soy una muchacha normal, una chica más, sin más defectos ni virtudes que las demás. Soy estudiante en la UNACH y no sé por qué, porque te repito, no soy ninguna belleza, un enano desgraciado se enamoró de mí y no me deja en paz. Me escribe unas cartas de lo más cochino y se las enseña a todos mis compañeros, diciéndoles que las hizo pensando en mí el enano indecente. Yo he tratado de no hacer caso de la situación, pero el pedazo de gente está muele y muele, y todo el mundo se ríe de mí ¿qué puedo hacer? Ayúdame por favor.

Quecha

Tuxtla Gutiérrez 

Querida Quecha:

Tu situación no tiene ninguna complicación. Me imagino que por más que te insistiera el enano, tú no andarías con él, por lo que debes humillarlo ignorándolo, haciendo como si no existiera, hasta que esas cartas eróticas, en lugar de provocar risa, produzcan lástima en los demás. Te sugiero que consigas una veladora morada y la enciendas a San Judas Tadeo y le pidas que venga un circo a Tuxtla, y que en su “troupe” traiga a una enana. Con suerte el tipo ese la conoce, se enamora de ella, y se lanzan juntos por el mundo haciendo reír al público con sus carantoñas y sus zarandajas. 

Duque de Santo Ton:

Me gustaría que me dijeras por qué te sientes la gran cosa y a todo el mundo desprecias. Por eso mucha gente te odia y no quiere saber de ti. Me caes gordo, desgraciado.

Sergio

 

Tuxtla Gutiérrez

Querido Sergio:

 

Yo no me siento la gran cosa, de hecho lo soy. No en vano he leído y he viajado tanto. Hay mucho dinero invertido en mi formación, que se conjuga con mis dones y aptitudes natas, aunadas a mi singular simpatía, mi físico diferente y mi natural ingenio. Pienso que muchas personas, como tú, quisieran ser como yo, y como jamás lo conseguirán, prefieren odiarme. Sin embargo, yo los comprendo, esa envidia debe ser terrible.

Duque:

 

Yo he sido madre soltera toda mi vida. Tengo tres hijas de distintos papás, y he tratado de sacarlas adelante, sin tener que renunciar a mi vida personal. Me rompo el lomo trabajando, pero me gusta darme mis gustos y echarme mis tragos. Con esto te quiero decir, que cuando conozco a alguien que me gusta, me tomo unos tragos con él y, si quiero, lo llevo a mi cama para tener sexo. Mi hija, la mayor, la que se llama como yo y más se parece a mí, siempre me reclamaba y me decía que me odiaba por mi forma de ser. Sin embargo, en cuanto creció, la niña se volvió una golfita y empezó a beber y a fumar marihuana ¿por qué si odiaba tanto mi forma de ser hizo todo lo posible para parecerse a mí?

Nancy

Tuxtla Gutiérrez 

Querida Nancy:

La mente humana es muy misteriosa, aunque en una visión muy simplista, podría decirte que esa niña trata de vengarse de ti, de hacerte sentir lo mismo que ella sentía cuando te veía alcoholizada y entregada a tus embelesos sexuales.

Querido Duque de Santo Ton:

 

Tengo una hija que vive en Ciudad Juárez, y quiere que la vaya a visitar. Yo no tengo dinero para hacer el viaje, pero ella dice que me paga todo, incluso mis compras y el boleto de camión de ida y vuelta. A mí me entusiasma la idea, pero me parece que a mis setenta años ya no estoy en edad de atravesar la república, de extremo a extremo, en camión ¿no crees?

Celia

Comitán 

Querida Celia:

No creo que haya alguien al que le parezcan atractivas unas vacaciones, con tantas horas de camión de por medio. Yo el último viaje en camión lo hice a Tapachula y juré que sería el último. Dios escuche mis plegarias porque no conozco nada más feo que viajar en camión. 

Querido Duque de Santo Ton:

Mi hermana es tan imbécil, que lleva como siete años de ser amante de un hombre casado, que le prometió casarse con él, pero que al parecer no piensa hacerlo. Yo le digo que no sea bruta, que no abrigue esperanzas, que termine con esa relación enferma y que se busque a otro galán.

Luz

Tuxtla Gutiérrez 

Querida Luz:

Tal vez lo que le guste más a tu hermana de su novio, es que jamás se casará con ella. Hay mujeres que le temen al matrimonio, pero no se atreven a decirlo. Al ser amante de un hombre casado, tu hermana se coloca en una posición que la convierte en una candidata imposible para contraer nupcias. 

Querido Duque:

La semana pasada fuimos de paseo a la iglesia de San Juan Chamula. Yo he ido mil veces, pero como mi cuñada, que es de Puebla, está de visita con nosotros, insistió en que la lleváramos a conocer. Era domingo y la plaza estaba rebosante de indios, lo cual siempre impacta, pero entramos al templo después de pagar el boleto y, como siempre, salí súper impresionada con todo lo que vi. Los niños chamulas me jaloteaban la ropa para tratar de venderme sus porquerías y yo ya estaba medio harta, cuando vimos pasar un cortejo fúnebre rumbo al panteón. El féretro era pequeño y blanco, lo que indicaba que el muerto era un niño, y detrás de él iba la madre, llorando desgarradoramente, casi aullando. Yo les comenté que se me hacía exagerado que la señora hiciera tanto escándalo, cuando las indias tienen hijos por docenas, y siempre están sucios y muertos de hambre. “Lo que pasa es que tú no sabes lo que es perder un hijo”, me dijo mi cuñada, secándose las lágrimas y limpiándose los mocos con un kleenex. Ni mi esposo ni yo hicimos ningún comentario pues mi cuñada es soltera. A mí se me hace que la muy mustia esconde algo que no nos quiere contar.

Noemí

Tuxtla Gutiérrez 

Querida Noemí:

Por lo que me cuentas, yo podría imaginar que la mosca muerta de tu cuñada se hizo un aborto o algo así, pero en realidad esas lágrimas no son ninguna prueba de nada y tal vez la mujer estaba muy sensible por estar en su regla o por alguna de esas cosas propias de las mujeres. Trata de ponerle un cuatro a ver si cae y afloja toda la sopa.

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