LAS AGUAS BENDITAS DE CHIAPAS: Tercera parte

LAS AGUAS BENDITAS DE CHIAPAS: Tercera parte

Por Manuel Zepeda Ramos 

Un refrigerador Kelvinator, de color amarillo, giraba sin descanso en el remolino como aquellos maravillosos trompos que se dormían de don Chencho Mancilla, el carpintero tuxtleco que los hacía y logró que fueran los mejores de los que se han fabricado en Tuxtla Gutiérrez en toda su historia.

 

Era una imagen de Televisa en el espacio de Jacobo Zabludowski, todavía vigente en el noticiero que él inventó. Seguro que era una nota de Susana Solís Esquinca, la eterna y profesional corresponsal. Cobertura nacional, la nota la vi en Xalapa.

El remolino aquí citado y el refri dentro de él, estaba de permanencia voluntaria en la desembocadura del Río Sabinal con el Grijalva, a escasos dos kilómetros antes de iniciar el Cañón del Sumidero. El refri no estaba solo: estaba rodeado de botellas de plástico de cloralex, refrescos que alguna vez fueron embotellados, bolsas de Chedraui y otras basuras de plástico que como él giraban todos como los trompos de don Chencho. Estoy hablando de una ruta natural, de tantas, de contaminación del Grijalva para el Cañón del Sumidero, atracción turística mundial que ha empezado a perder adeptos por el grandísimo problema de la contaminación. De seguro usted ya se preguntó cómo llegó el refri hasta allí.

Recomendaría a la próxima autoridad tuxtleca que iniciara, como tarea prioritaria, una intensa y permanente campaña en todos los niveles de la sociedad para la recolección de basura durante todo el trienio, con el objeto de evitar que termine navegando en las aguas que pudieran derramar un ingreso considerable por la visita a una de las maravillas del mundo.

También le diría a todos los que habrán de ser los próximos alcaldes de los municipios que están fincados en las orillas del río Grijalva que hicieran lo mismo que la recomendación hecha para Tuxtla, porque también ellos aportan una cantidad considerable de basura que va a parar justamente a donde los turistas de todo el mundo tienen la posibilidad de admirar su existencia: el Cañón del Sumidero.

Suponiendo que las acciones resultan extremadamente exitosas y se convierten en motivo de ejemplo para el desarrollo de este tipo de campañas de recolección de basura para todo el país, lo que a los chiapanecos nos daría mucho gusto y orgullo, sin embargo la contaminación del Río Grijalva y con ella la contaminación de los ríos de Chiapas seguirían como siempre han estado: absolutamente vigentes.

La Semarnat arroja un dato significativo y por ello preocupante: hay en todo Chiapas 119 plantas de tratamiento de aguas residuales pero hasta hace relativamente poco tiempo operaban sólo dos, las dos por cierto en la capital del estado, pero han dejado de hacerlo porque la empresa que la operaba se le ha rescindido el contrato o simplemente se le ha retirado de su encomienda. Las aguas del Río Sabinal ahora descargan agua servida sin tratar a las aguas del Grijalva, justamente en el Cañón del Sumidero.

Las otras plantas ya construidas no operan por estar inconclusas en su operación al faltar variables que la hicieran funcionar.

Esto trae como consecuencia que todos los ríos del  estado reciban descargas de aguas residuales que los municipios las mandan directamente a los ríos cercanos, contaminándolos sin remedio.

La selva chiapaneca no escapa a estas consideraciones. El río Jataté, orgullo antiguo de los habitantes que están en  su influencia, es ahora un río contaminado por los desechos del municipio de Ocosingo. El río Santo Domingo, Chajul, Tzaconejá, Lacantún y Lacanjá, afluentes todos del Usumacinta, están contaminados por la misma razón. Sólo el río Tzendales, cuyas aguas se pueden beber sin ningún problema y la Laguna de Miramar, se encuentran libres de la contaminación. El río la Venta, que recibe las descargas directas de Cintalapa, Jiquipilas y Ocozocuautla, por lo consiguiente. En algunos ríos de la Frailesca, cuentan los lugareños, se han encontrado bagres, mojarras y sardinas con gusanos en la espina dorsal, por lo tanto no aptos para el consumo. Así podríamos seguir con todos los ríos de Chiapas.

El próximo gobierno del estado tendrá que tomar cartas en el asunto y proponer un esquema económico tal con la federación que permita terminar de construir las plantas de tratamiento de aguas residuales y su puesta en operación en la búsqueda impostergable de terminar con la contaminación de las aguas de Chiapas. Es asunto vital para el futuro de las generaciones venideras.

En su reciente visita de la delegación que Donald Trump envió a la CDMX encabezada por el Secretario de Estado Mike Pompeo, AMLO entregó una propuesta para el presidente de Estados Unidos que sentará “bases de entendimiento” entre ambas naciones a partir de cuatro ejes: modernización del TLCAN; desarrollo en México para evitar migración  por pobreza o inseguridad; una nueva estrategia de seguridad e incluir a Centro América en un esquema de impulso regional. El segundo y cuarto eje involucra a Chiapas y Tabasco. Se tratará de crear un sistema de desarrollo productivo agropecuario y agroindustrial, como ha dicho Alfonso Romo a la prensa nacional, que involucre a varias de las naciones centroamericanas. Para que eso suceda, las “aguas cristalinas” de Chiapas y Tabasco deberán estar al cien, en limpieza y disponibilidad, para intentar el desarrollo de esta zona jamás pensado.

Desde ahora, se vislumbra ya un trabajo intenso y bien pensado en la región del sureste de México en donde las aguas limpias de Chiapas y Tabasco serán torales.

Empecemos por componer y poner en funcionamiento las plantas de tratamiento de aguas residuales con profesionales de la hidráulica que conozcan del tema y desarrollar una campaña estatal, también con profesionales, para el ordenamiento de la basura en el estado, fuentes de contaminación indiscutibles.

El futuro de Chiapas es halagüeño.

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