QUEREMOS UN PRESIDENTE

QUEREMOS UN PRESIDENTE

Por Manuel Zepeda Ramos 

A casi cuatro días del primer debate presidencial, el ambiente de opinión empieza a tomar la ruta de la normalidad. Acaso, algún opinador trasnochado que esperó a ver qué opinaba el resto de los sabios que predicen el futuro de la nación, para opinar acerca de quién, a su real saber y entender, ganó el debate tan llevado y tan traído.

 

Me ha quedado muy claro que lo que México necesita es un presidente que traiga cargando experiencia y oficio.

Aprendámoslo bien: nuestro país es un gran país, respetado no solo por su gran tradición cultural milenaria, que nos ha puesto ante la atención del mundo desde hace mucho tiempo y que mucho nos enorgullece. Ahora, también nos respeta el mundo de la economía y el comercio, porque somos un país que ha resurgido ante las nuevas metas planetarias. Somos un país que se nota en el concierto mundial, que ha aprendido a jugar con las reglas globales que ahora rigen al Planeta, como hace más de 50 años las reglas fueron las del desarrollo estabilizador y también jugó con ellas.

Hoy, México ve al horizonte con optimismo.

Estamos sus habitantes tan acostumbrados ahora, a que nuestro país genere relaciones comerciales con muchos países, que casi pasó desapercibida la ratificación hecha por el Senado de la República del Tratado Trans Pacífico, TPP 11. México fue el primero en ratificarlo de las 11 naciones que la integran en la Cuenca del Pacífico, naciones que, juntas, abarcan el 40% del PIB mundial.

El TLCAN, según palabras de los negociadores de Canadá, Estados Unidos y México, así como de los empresarios que los acompañan, está a punto de turrón. Su ratificación será para el mes de mayo.

De ese tamaño es el México de ahora.

Estamos hablando de que, con las relaciones comerciales que nuestro país ya tiene, muchos beneficios económicos habrán de llegar a nuestra Patria -ya están llegando-, con los que podremos enfrentar el enorme reto de la desigualdad que es asunto prioritario para nuestra nación, para poder planear el desarrollo. Vendrán los empleos generados por las empresas industriales y comerciales incentivados con los tratados que México ha construido en el Planeta y, por ende, el abatimiento de la desigualdad.

México necesita un presidente de gran visión futura.

Un presidente que integre todas las variables que nuestro país requiere para el bienestar de las futuras generaciones. Un presidente que haya acumulado una enorme experiencia en la administración pública nacional, que pueda sentarse en cualquier país del mundo con una gran dignidad para ver por el futuro de México.

Ese hombre es José Antonio Meade Kuribreña, candidato independiente de la coalición “Todos por México”.

Sus propuestas en casi un mes de campaña son enormemente ricas: enseñan la gran visión que Pepe Meade tiene para entender a México.

Vienen a mi memoria los años 80 del siglo pasado. Era López Portillo el presidente de México. Todos los días daba nota. El staff de prensa traía un ritmo intenso. Por Excélsior iba Enrique Loubet, cronista serio y respetado, que también dirigía el jueves de Excélsior. Todos los cronistas de aquella época, buenos también, estaban pendientes de don Enrique. De repente, decía: la nota la veo por aquí y por ahí se lanzaban, todos con su muy peculiar estilo de decir las cosas.

Saco esto de la memoria, porque así sucede ahora con José Antonio Meade. Todos los días propone ideas nuevas, todas funcionales, todas necesarias.

Al otro día o al siguiente, me he dado cuenta -seguramente usted también-, los otros candidatos se montan en sus ideas y lanzan sus “ideas propias”. Las mismas de Pepe Meade, pero -a diferencia de los cronistas de verdad que eran muy eficientes-, pasadas por agua.

Como decimos en Chiapas, Pepe Meade trae el güiro y ya no lo va a soltar. Es un político maduro que lleva la administración pública en sus manos.

Allí, el electorado debe ser muy cuidadoso a la hora de definir su voto en la urna el primero de julio:

¿Queremos ir hacia el futuro, con todo el optimismo para ver a nuestra nación en transformación? O queremos regresar al pasado, aquel pasado incierto de una inflación incontrolable que consumía todo y dejaba a la clase media sin liquidez para la compra diaria, sin vivienda y sin saber qué pasaría al otro día. Mi generación -y otras más jóvenes-. lo vivió y su recuerdo es ingrato, para nunca repetirse.

¿Queremos un candidato de ocurrencias, con una sonrisa eterna, petrificada, mentirosa, cuando lo alaban o cuando lo insultan en el debate, con ideas adquiridas en el Google sin recato, que lo lleva a treparse a una torre de un gran sopor para impresionar al respetable que no busca ni a un cirquero, ni a un boxeador, ni a un cómico? O queremos a un presidente serio y que lo parezca, con ideas de verdad producto de su inteligencia y experiencia, que lleve a nuestro país a un destino asegurado en donde nuestros hijos puedan aspirar a ser hombres de bien.

Queremos un presidente que garantice la tranquilidad de la nación.

Queremos un presidente.

Queremos a José Antonio Meade.

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