LA ERA DE TRUMP: ¿EL FIN DE LA DEMOCRACIA?

LA ERA DE TRUMP: ¿EL FIN DE LA DEMOCRACIA?

 Por Lucía Mora 

Al principio, cuando se anunció la candidatura republicana de Donald Trump por la presidencia, la posibilidad de que se convirtiera en el próximo presidente estadounidense parecía lejana para la mayoría de la sociedad. El día de hoy, el hecho de que Trump ocupe uno de los asientos más importantes dentro del escenario internacional y las acciones que está llevando a cabo, están poniendo en riesgo la concepción general de la democracia y su eficacia.

 

Hablando de las cuestiones internas del gobierno de Donald Trump, es claro que los ciudadanos de E.E.U.U.  no están contentos con las decisiones de su presidente. Hace falta simplemente recordar las diversas marchas civiles que ha habido en distintos estados del país en pro de diferentes causas sociales como lo son: la marcha a favor de los derechos de la mujer, la marcha “por nuestras vidas” y la marcha a favor de los derechos de los inmigrantes y protección de los Dreamers. 

Su aprobación interna cada día empeora y los problemas dentro de su gabinete cada día aumentan. Lo anterior, se traduce a un enojo popular y generalizado dentro de la sociedad estadounidense que, de ser continuo a lo largo de su administración, no hará más que aumentar el descontento mismo que logró que Trump llegara a la Oficina Oval. Si es así, su fracaso abriría el camino para alguien aún más peligroso e impredecible.

De manera general, se puede decir que la llegada y el ascenso de la figura de Donald Trump al escenario político mundial ha generado cambios importantes en las concepciones de distintos conceptos a los cuales E.E.U.U. había intentado -y de alguna manera logrado-  ser modelo y líder como lo son: democracia, libertad, neoliberalismo y capitalismo. Estos quiebres en su hegemonía han dado paso al ascenso de China, la búsqueda activa de este país por el liderazgo y la defensa de la democracia y neoliberalismo.

Es evidente que las estrategias y la visión que persigue Trump está muy alejada de aquella de la administración Obama. Aunque ninguno de los dos presidentes es perfecto, sin duda alguna, la figura de Trump representa un mayor riesgo para su país y el propio escenario internacional, que Obama. La llegada de Trump al poder generó un efecto innegable alrededor del mundo. Junto con esto, muchos analistas e investigadores afirmaron que fue un factor clave para la decadencia actual de la democracia. Aunque Trump no es la causa, sí es un síntoma evidente de cómo la democracia comienza a descomponerse desde adentro y es envenenada por líderes que trastornan el proceso mismo que los llevó al poder.

Tomando en cuenta el contexto y la realidad que nos rodea, es imperativo que tanto el gobierno como la sociedad estadounidense lleven a cabo acciones efectivas que ataquen seriamente la posibilidad de que su sistema democrático falle. La democracia estadounidense está en juego y, dado el fenómeno de interdependencia mundial, Occidente está también en la cuerda floja.

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