¿Negrete vs. Infante?

¿Negrete vs. Infante?

El principal contrincante de Meade es AMLO, pero el morenista tendrá que ser más creativo si realmente quiere hacerle daño

 

 

Vianey Esquinca

 

Finalmente se oficializó el destape que previamente había hecho Luis Videgaray, y José Antonio Meade Kuribreña fue presentado el pasado 27 de noviembre como el elegido por el PRI para contender en las elecciones presidenciales del próximo año.

Seguramente en el fondo de su corazón y su alma, el presidente Enrique Peña Nieto hubiera deseado un candidato que le debiera su carrera y trayectoria, que se hubiera formado bajo su sombra y cobijo, con una lealtad a prueba de balas e investigaciones judiciales. Sin embargo, ante la muy flaca caballada, tuvo que escoger al más competitivo. Y sí, Meade Kuribreña es el mejor candidato que pudo elegir el PRI porque tiene varias cosas a su favor. Lo primero es que no está afiliado a este partido, es simpatizante, pero siempre puede jugar con la idea de una supuesta independencia al más viejo estilo de Miguel Ángel Mancera, quien compite por el PRD, pero no se convierte en perredista.

También posee una trayectoria y experiencia que sus contrincantes no tienen, que incluye haber transitado por dos gobiernos de distintos partidos. Además, les guste o no a sus opositores, hasta hoy no se le relaciona con escándalos de corrupción. Fue sintomático que después del destape la primera reacción de los opositores fue descalificar el proceso de elección: el famoso dedazo y no al candidato.

Las críticas más fuertes que ha recibido son las que hizo Andrés Manuel López Obrador al llamarlo pelele, señoritingo, títere y acomodado, pero el morenista tendrá que ser más creativo si realmente quiere hacerle algún daño a Meade, pues todavía no está tipificado como delito ninguno de esos adjetivos.

En las elecciones, la guerra sucia se ha convertido en un arma muy poderosa de ataque: los hijos y familiares incómodos, las casas y bienes no declarados, los affaires o pasados tormentosos son algunas balas a utilizar, ¿qué pasará si realmente Meade no tiene ningún cadáver en el clóset?

Sin embargo, que Meade sea un candidato competitivo no asegura nada. El exsecretario de Hacienda nunca ha hecho campaña, no se ha ensuciado los zapatos recorriendo los pueblos para pedir el voto, su paso por la Secretaría de Desarrollo Social no le da las credenciales para hacerlo un candidato carismático y empático con la gente.

Meade siempre ha trabajado con la élite, en puestos de decisión y poder, pero alejado del pueblo. ¿Cómo le caerá el cambio del Club de Industriales a una fonda de Tacámbaro, Michoacán? ¿Cómo aterrizará el lenguaje técnico, financiero y especializado a lo que quiere escuchar la gente? ¿Aprovechará esa supuesta independencia partidista para deslindarse del PRI que tiene harto a la gente? ¿Alzará la voz y criticará al actual gobierno por sus excesos o se dedicará a defenderlo? ¿Asistirá a la Ibero o a la UNAM durante su campaña o sólo irá al ITAM?

El principal contrincante de Meade es Andrés Manuel López Obrador, a quien nadie puede regatear su arrastre y popularidad. Sus años y años y años y años de campaña, así como sus mensajes y su discurso lo hacen el candidato “del pueblo”. No por nada está delante de prácticamente todas las encuestas levantadas.

La contienda electoral se está calentando, ya hay dos en el radar: Meade y López Obrador. Que es algo así como un duelo entre Jorge Negrete (el señoritingo) y Pedro Infante (el carpinterito). Ya sólo faltaría un Luis Aguilar, pero el Frente Ciudadano se la está tomando calmadooooo, a pesar de que la indefinición juegue en su contra.

 

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