HOSPITAL DEL ALMA

HOSPITAL DEL ALMA

Por El Duque de Santo Ton

Consultas gratis: santapiedra@gmail.com

 

 

Querido Duque:

 Acabo de cumplir cuarenta años, mi marido es diez años mayor que yo y tengo una niña de tres años. Mi consulta es porque mi esposo tiene una hijita de siete años, fruto de una relación anterior. Ella vive con su mamá y viene a nuestra casa los fines de semana, ya que llevamos una linda relación y la nena dice sentirse en familia y ser feliz estando con nosotros. El problema es su mamá, siempre se pone pendeja, siempre pone trabas e inventa chismes. Mi esposo cumple como padre, le pasa una pensión (que por cierto no es mucha debido a nuestra situación económica), y trata de satisfacer todas las necesidades de su hija, asume su responsabilidad. Duque: últimamente he notado a la hija de mi marido confundida, yo hablo mucho con ella como amiga, y se pone a llorar, dice que quiere vivir con nosotros, se pone triste cuando su mamá no la deja venir a nuestra casa. Yo soy madre y considero que esta niña no recibe las atenciones que necesita, tiene muchas carencias, es insegura, susceptible, tiene miedo de hablar con su mamá. Está muy apegada a mí pese a que le he dicho que no soy su madre y que simplemente me llame por mi nombre, pero remarca que me quiere mucho y que quiere darme un regalo muy bonito en Navidad.

Lucía

Tuxtla Gutiérrez

 

Querida Lucía:

Ten mucho cuidado porque muchos matrimonios han fracasado por culpa de hijos ajenos por los que se pretende tomar partido. Esa niña lleva una relación con sus padres, con los dos, en la cual no puedes intervenir o mediar, si no quieres terminar siendo la culpable de todo lo que pueda ocurrir.

 

Duque de Santo Ton:

Estoy casado desde hace veinte años con la misma mujer, tengo 47 años de edad y ella 43. Tenemos dos hijos. Mi mujer siempre ha sido una mujer sexualmente agradable: en lo físico y en lo espiritual. También es sensual, a su manera. Es una buena madre y una buena compañera. Después de su cumpleaños número 41 comenzó a pensar en ponerse implantes mamarios. La desalenté. A mí me gustaba como era. Se lo demostraba en los hechos. Fornicábamos al menos una vez por semana y era ella quien me rechazaba cuando yo quería repetir en los días subsiguientes. Elogiaba y gozaba de sus pechos tal como eran. Y hubiera gozado de sus nalgas más a menudo si me lo hubiera permitido. Pero ella se quejaba de que sus dos embarazos le habían provocado la caída de los senos. Le repetí que yo no veía el problema. Pero entre los 42 y los 43 desarrolló una verdadera obsesión por la operación. A tal punto que yo le di mi autorización e incluso el dinero para llevarla a cabo. Pero, desde entonces, me cuesta trabajo tocarla. No me imaginé que me daría semejante impresión. Hacemos el amor pero, cuando la veo de frente, pienso en las siliconas y siento muy gacho. He logrado sobrellevar la situación lo mejor que puedo; pero sé que no duraré mucho tiempo. Mi organismo se resiste. Por supuesto, no me imagino comentarle el origen de mi desmotivación. Ni siquiera confesarle que estoy desmotivado. Pero no encuentro salida.

Helder

San Cristóbal

 

Querido Helder:

Debemos adaptarnos a todo. En tiempos de nuestros padres nadie hubiera pensado en tatuajes, piercings o chichis de plástico como sinónimos de belleza, pero ahora todas las cuarentonas consideran que sin senos falsos no hay Paraíso y si eso mejora su autoestima sigue apoyándola a pesar de tus fobias, finge que te calienta su cuerpo artificial y nunca le vayas a decir que sientes asco por sus intervenciones quirúrgicas que, de todas maneras, tampoco detienen el tiempo. Cuando vengas a ver, ambos serán un par de ancianos. Seguramente ella piensa que el pene ya no se te para igual pero no ha protestado. Así es el matrimonio.

 

Querido Duque:

Creo que mi papá, quien murió hace diez años, era gay o prefería a los hombres, pero no tengo ninguna prueba. Mi sospecha apenas se basa en su forma de mirar a la gente, algunas suscripciones a revistas y una conversación. En la década de los 70, en una visita a mi casa cuando estudiaba la universidad en Puebla, les confesé a mis papás que yo era homosexual. Esa noche mi papá me reveló que antes de casarse había tenido una relación con un hombre, pero que había buscado ayuda psicológica y “se había curado”. Esperaba que yo hiciera lo mismo. Me dijo: “prométeme que no le vas a decir nada a tu mamá; se le rompería el corazón”. Acepté. Poco después le pedí que me contara más sobre ese hombre pero él negó todo y empezamos a discutir. Sin embargo, muchos años después, en una breve autobiografía que escribió para sus nietos, mencionó una amistad del colegio de la que “prefería no hablar”. Aprendió a ser comprensivo con mi sexualidad y a ser amable con mis novios, pero el hecho de que se retractara de su confesión me hizo perder la confianza en él. ¿Estoy obligado a contarle a mi mamá? Me siento incómodo pensando que fui cómplice de mi papá. Pero tal vez él se inventó esa “confesión” para tratar de ayudarme, y al ver que no resultó, abandonó esa estrategia. La única cosa que sí tengo clara es que me decepcionó. No veo cómo mi historia podría beneficiar a mi mamá, que ahora tiene más de 80 años. Incluso si mi papá vivía con este secreto, no hay forma de saber si rompió su compromiso con ella. Además, es probable que ella sí supiera y haya decidido aprender a vivir con ello, aunque, si ese fuera el caso, me gustaría que me lo hubiera dicho a mí, su hijo gay.

Elías

Tuxtla Gutiérrez

 

Querido Elías:

Por lo que más quieras deja a tu padre descansar en paz, ya tiene mucho tiempo que murió y lo que haya hecho o no hecho no puede cambiarse y no te afecta en nada. Deberías agradecer a su memoria que el hombre te aceptó como eres, lo cual no es privilegio de muchos. Por último, deja en paz a tu octogenaria madre, no tienes derecho a inmiscuirte en su matrimonio ni, mucho menos, en su vida sexual.

 

Duque:

Querido Duque:

Dime por qué a algunas mujeres les gustan los hombres más nacos y pobretones. Siempre me he preguntado eso. Además, hoy en día ya casi nadie se fija en los modales, la caballerosidad y todo ese tipo de cosas que acostumbra la gente decente. Hoy las adolecentes se sienten más atraídas por los tipos que fuman mota y toman trago, que hacia los muchachos de buena familia y con hábitos higiénicos.  Piensan que entre más indio mejor o ¿qué pedo? ¿Qué le está pasando a la sociedad? Tengo amigos que tienen dinero, son educados y muy inteligentes, así como soy yo. Sin embargo, he conocido chicas de ese nivel que tienen novios que parecen sicarios afectos a las drogas duras ¿A qué se deberá el retroceso?

Abraham

Tuxtla Gutiérrez

 

Querido Abraham:

De la misma manera que tú calificas a los nacos, existen personas que te califican y te desprecian a ti. Los gustos y las costumbres cambian, eso es inevitable, pero no puedes vivir en un mundo de fantasía ni soñar con algo que ya no existe. Tienes que adaptarte o morirás.

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