HOSPITAL DEL ALMA 13/06/17

HOSPITAL DEL ALMA 13/06/17

Por El Duque de Santo Ton

(Consultas gratis: santapiedra@gmail. Com)

Querido Duque de Santo Ton:

Tengo 36 años de edad y 10 de casada. Te escribo porque últimamente mi esposo actúa de una manera muy rara. Llega de su trabajo enojado, colérico, me regaña por todo, les pega a los niños y también a mí. Después, cuando estamos en la recámara, me vuelve a golpear, me quita la ropa con violencia y me penetra salvajemente. Yo le suplico que no lo haga y hasta lloro y me hago la víctima, pero en realidad lo disfruto mucho, me gusta el sexo así. Al terminar me pide perdón aunque sabe que me encanta. Lo malo es que mis hijos se aterran porque piensan que el padre me va a matar y que gimo de dolor cuando en realidad es de placer.

 

Paula

Tuxtla Gutiérrez

Querida Paula:

Eres una cochina bien hecha. Bueno, en realidad ser masoquista no tiene nada de malo, siempre y cuando exista un límite, pero debes tener mucho cuidado en lo que presencian tus hijos en el hogar porque tu marido y tú pueden traumatizarlos y dejarlos idiotas para  el resto de sus vidas.

Duque de Santo Ton:

Se me ocurrió contratar a una sirvienta con una hijita como de tres años, y en poco tiempo la niña se ha vuelto insoportable. Deambula por toda la casa, juega con mi computadora y con mi iPhone y siempre anda sucia y con el calzón cagado. Se me hace que voy a tener que despedir a la sirvienta, aunque cobre barato y se haga cargo de todo el quehacer.

Angélica

Tuxtla Gutiérrez

Querida Angélica:

Mira Nena, si esa mujer cobra barato y se hace cargo de todo el quehacer que te corresponde a ti, lo que te conviene es buscar una perrera para encerrar a su engendro o conseguirle una buena guardería en la que permanezca todo el día. Soportar a una mocosa, cochina y sangrona, debe ser un infierno, pero ningún infierno es tan temible como el quedarse sin criada.

Duque de Santo Ton:

Hace muchos años conocí en una reunión a un tipo, que desde que me vio quedó literalmente prendado de mí. Yo acababa de volver de Ámsterdam, en donde había pasado una temporada, y traía puesta ropa novedosa y muy trendy. Cada vez que yo hablaba, aquel tipo, con aspecto de indígena, me aplaudía y festejaba todas mis ocurrencias, hasta que empezó a molestarme su actitud. Cuando llegó el momento de marcharnos, el sujeto se acercó a mí y me dijo que era joyero, que quería que yo tuviera un recuerdo de él, y me regaló unas mancuernillas de plata y turquesa que jamás usé. Hace poco volví a verlas en un cajón y me vino a la cabeza aquel admirador al que nunca más volví a ver.

Rafael

Tuxtla Gutiérrez

Querido Rafael:

Por muy insignificante que hayan sido aquel artesano y su regalo, él logró lo que se proponía: que tuvieras un recuerdo de él.

Querido Duque:

Mi madre tiene 62 años y siempre la había visto como a una dama distinguida de la sociedad, muy decente y educada, pero la mamá de una de mis amigas me contó que de joven mi madre fue todo un caso. El escándalo de los años 60 en Tuxtla Gutiérrez. Me dijo que era muy promiscua, que no usaba sostén y que siempre andaba drogada, que estuvo a punto de volverse esquizofrénica de tanto LSD que se metió. Al llegar a mi casa le pregunté que si aquello era cierto, y mi madre muy cínicamente me respondió que sí, pero que Dios le había permitido enderezar el cauce. Muy enojada yo le pregunté que por qué entonces quiere que yo llegue virgen al matrimonio, que no beba y cosas así, y ella me respondió que porque no quiere que yo sufra lo mismo que sufrió ella ¿Tú qué opinas?

Sandra

Tuxtla Gutiérrez

Querida Sandra:

Tu madre te habla de todo lo que sufrió pero no de todo lo que se divirtió. Yo pienso que nadie experimenta en cabeza ajena, menos cuando ha sido criado por una drogadicta en recuperación.

Querido Duque de Santo Ton:

Estoy organizando una despedida de soltera para una mujer que se va a volver a casar, y como todas las invitadas son mujeres maduras, que tienen entre cuarenta y sesenta años, me ugre conseguir cinco o diez jóvenes, de 19 a 23 años,  que puedan divertirlas sexualmente, así como acostumbran los hombres en las despedidas de soltero. Puse un anuncio en Internet y he tenido mucha respuesta, pero de todos los entrevistados solamente uno me ha gustado; ojalá puedas publicar esto en tu columna. Te aclaro que los participantes recibirán un pago generoso y muchas propinas.

Andrea

Tuxtla Gutiérrez

Querida Andrea:

No seas inocente, si no tuviste éxito en el Internet, el Hospital del Alma no creo que te sirva de mucho para esos menesteres.

Querido Duque de Santo Ton:

Mi esposa no puede tener hijos porque le extirparon la matriz desde antes de que naciera el primero,  entonces sus amigas la están convenciendo para que adopte a una niña indígena que según ellas está preciosa. Mi mujer está entusiasmada pero yo no quiero echarme a cuestas el compromiso de volverme padre de una india.

Carlos

San Cristóbal

Querido Carlos:

Tienes toda la razón. Los inditos son bonitos de bebés pero con el paso del tiempo se dan unas descompuestas que para qué te cuento. Además es muy difícil que se integren al medio en el que viven tu esposa y tú. No quiero sonar cruel, pero todos los casos que conozco de matrimonios que adoptan indígenas terminan fracasando. No son mascotas, no chinguen.

Duque de Santo Ton:

Hace poco viajé a Europa con mi marido, y en el vuelo París-México, en primera clase, nos hicimos amigos de un matrimonio de austriacos que venían a vacacionar a nuestro país. Bebimos tanta champaña que mi esposo,  sin pensarlo mucho, les dijo que no fueran cabrones y que ya nos regresaran el penacho de Moctezuma. Con mucha sagacidad el austriaco le respondió que lo harían con mucho gusto, si los mexicanos les regresábamos todo lo que los Habsburgo dejaron en el castillo de Chapultepec cuando fusilaron a Maximiliano. Yo soy mexicana pero me encantó su respuesta.

Karina

Tuxtla Gutiérrez

Querida Karina:

En realidad fue buena la respuesta, pero ni los austriacos ni los franceses dejaron nada de valor en el castillo de Chapultepec. Cuando vieron que el imperio se iba a derrumbar irremediablemente, empacaron todo, incluyendo a la emperatriz y sus valiosísimas joyas, y se regresaron a Europa, dejando a su suerte al emperador. Tal vez entre las pocas cosas de valor que se quedaron hayan sido los sendos retratos de sus Majestades Imperiales, pintados por Franz Xaver Winterhalter, en los años 1860,  pero nada más. La restauración que luce actualmente el castillo se debe principalmente a Porfirio Díaz. Pero fue un buen chiste de borrachos, indudablemente. 

Querido Duque de Santo Ton:

Soy mesero en un antro de Tuxtla Gutiérrez y salgo bien tarde. Además vivo hasta Los Capulines y la otra noche me asaltaron entre tres o cuatro hombres que me hicieron que les entregara todas mis pertenencias, incluyendo mi celular, mi ropa y mis tenis. Me quedé en bóxer, y pensé que me iban a dejar ir, pero uno de ellos me dijo que también quería mi bóxer y mis calcetines. Como andaban armados y creo que hasta drogados, no me quedó más remedio que obedecer, y cuando estuve desnudo, el que me ordenó que me quitará el bóxer se acercó a mí, me acarició una nalga y me dijo que me fuera a chingar a mi madre. Salí corriendo hasta llegar a mi casa aunque me lastimé los pies ¿piensas que los rateros hayan sido gays?

René

Tuxtla Gutiérrez

Querido René:

Hayan sido lo que hayan sido, debes agradecer a Dios que se conformaron con el bóxer y los calcetines y no te pidieron algo más difícil de entregar.  

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