EN LA MIRA 10/05/17

EN LA MIRA 10/05/17

Entre el deporte, la corrupción y los excesos en Chiapas

Rectoría tiene a la UNICACH convertida en polvorín

Por Héctor Estrada 

El tema deportivo fue el que finalmente dio la nota este fin de semana como resultado de las controversias generadas por la millonaria contratación publicitaria hecha por el Gobierno de Chiapas en la pelea entre Julio César Chávez Jr. y Saúl Álvarez; la opulenta exposición pública del secretario estatal del deporte en la justa boxística de las Vegas, Nevada; y el descenso de Jaguares de Chiapas F.C., que tras varios años parece haber puesto punto final a una historia de llena de claroscuros.

 

Sin lugar a dudas, el primero de los casos es hasta el momento el gestor de la mayor indignación social. Y es que, aunque no sorprende mucho, se trata de otra muestra más de los excesos injustificados de la actual administración estatal, donde los argumentos de crisis financiera y austeridad parecen más que contradictorios.

La contratación de publicidad con la leyenda de la principal campaña de Manuel Velasco (Chiapasionate) en los calzoncillos de Julio César Chávez Jr. no es un tema tan superficial como parece, sobre todo cuando los costos de los espacios publicitarios dentro de un evento tan importante como ese son tomados en cuenta. Precios tabulados en dólares en los que generalmente sólo las grandes empresas o anunciantes tienen cabida.

Para tener una mejor idea, según estimaciones hechas por expertos en la materia, cada uno de los espacios publicitarios en los calzoncillos de boxeadores dentro peleas estelares tienen costos aproximados de entre uno y un 1.5 millones de dólares. En algunas ocasiones, los precios exceden los dos o tres millones de dólares, según la importancia de la pelea. Son, los espacios más costosos en un evento deportivo de este tipo (los principales patrocinadores del boxeador pues).

Ese fue “el gustito” que Velasco Coello pagó para promocionar la principal campaña publicitaria de su gobierno a nivel internacional, poco más de 17 millones de pesos, erogados presuntamente desde la Secretaría de Hacienda estatal. A lo anterior súmele usted la falta de tacto y prudencia del secretario de la Juventud, Recreación y Deportes del Gobierno de Chiapas, José Luis Orantes Costanzo, que, sin el menor de los empachos, exhibió en redes sociales su viaje exprés a la Vegas, Nevada, para disfrutar personalmente de la denominada “pelea del año”.

Y es que, aunque si bien no podría asegurarse que el costo del opulento viaje haya salido de las arcas públicas, el funcionario estatal terminó colocándose por sí mismo en medio de las críticas, las sospechas y el escarnio público, justo cuando “el horno en Chiapas no está para bollos”. Situación por la que, ahora, estará obligado a dar una explicación oficial que en otras circunstancias parecería innecesaria.

Así, el fin de semana terminó con lo que parecía inevitable; el aparente final de un drama prolongado que fue más allá de lo estrictamente deportivo: el descenso de los Jaguares de Chiapas. Una historia llena de claroscuros que comenzó en 2002, durante el gobierno de Pablo Salazar Mendiguchía, como el gran anuncio esperado por miles de aficionados al futbol: la llega de un equipo de primera división a tierras chiapanecas.

Si bien (en su momento) cumplió su objetivo como escaparate a las acostumbradas noticias nacionales que sólo mostraban a Chiapas como centro de conflictos, el club también estuvo envuelto en señalamientos relacionados con corrupción y desvío de recursos públicos.  Y como muestra de ello están los más 289 millones de pesos que simplemente no ingresaron a las arcas estatales tras los trámites de compraventa entre el Gobierno de Chiapas y a TV Azteca, durante el gobierno de Juan Sabines Guerrero.

Así los turbios casos relacionados con la administración del equipo y la participación económica (oficial o no) del Gobierno de Chiapas son realmente innumerables. Con lo sucedido este fin de semana queda nueva constancia que, de alguna manera, la corrupción de pasado y la complicidad del presente siguen cobrando caras facturas en todos los espacios posibles de una entidad donde las malas noticias parecen ser ya asunto de todos los días… así las cosas.

Rectoría tiene a la UNICACH convertida en polvorín

No se necesitó siquiera de un año para que la rectoría de Adolfo Antonio Guerra Pérez, al frente de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), se convirtiera en un verdadero polvorín, donde los conflictos universitarios (académicos o estudiantiles) simplemente no han dejado de estallar uno tras otro como resultado de los intereses políticos detrás del máximo puesto universitario y la evidente mala administración por parte de la nueva rectoría.

Y es que, el conflicto estudiantil desatado hace alrededor de 15 días parece simplemente no tener tregua definitiva. Así lo dejaron de manifiesto este lunes los estudiantes huelguistas de las licenciaturas en Artes Visuales, Gestión y Promoción de las Artes, Leguas e Historia quienes desmintieron la conclusión del movimiento estudiantil, asegurando la continuidad de la huelga en las facultades ubicadas al oriente de la ciudad.

La inconformidad no es nada nueva. Desde a principios de año los malestares generados por diversos recortes presupuestales agudizaron la situación. Las carencias en insumos, beneficios estudiantiles, apoyos académicos y deficiencias en el mantenimiento de la infraestructura escolar se acentuaron con el paso de los meses. Incluso, materiales tan básicos como focos, agua para beber y paquetería office para los laboratorios de cómputo se hicieron deficiencias comunes. 

Pero el asunto es mucho más complicado de fondo de lo que realmente parece. El descontrol que vive la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas está vinculada directamente con la inexperiencia y las deficiencias gestoras y/o administrativas de quien hoy lleva sus riendas. Adolfo Guerra es sin duda un experimentado abogado y notario público, pero en el rubro de la gestión pública francamente ha dejado mucho que desear.

Su imposición dentro de la rectoría de la UNICACH, por determinación unilateral de Manuel Velasco Coello, parece haberle quedado demasiado grande. Por lo menos es lo que demuestran los resultados alcanzados durante los ocho meses de rectoría, en los que las manifestaciones de inconformidad han desfilado casi de manera hilada. Y para muestra de ello, ahí está la amenaza de huelga anunciada por el Sindicato de Personal Académico de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas en febrero de este año.

En ese entonces el personal docente expuso el incumplimiento de diversos acuerdos ante la Junta de Conciliación y Arbitraje por parte de la nueva rectoría. A lo que su sumaron posteriormente las acusaciones hechas por administrativos y estudiantes, debido al presunto uso indebido de los recursos públicos y la falta de mecanismo de transparencia. Todo lo anterior, sin olvidar el recorte de cinco millones de pesos aplicado a 19 posgrados que mantienen en riesgo a nueve programas de maestrías y de doctorados inscritos en el Padrón Nacional de Excelencia de Conacyt.

Encrudecida por las huelgas estudiantiles de los últimos días, hoy la situación en la UNICACH apunta a complicarse con el paso del tiempo. La inexperiencia de Adolfo Guerra para gestionar recursos ante otras instancias, la falta de capacidad para controlar la estabilidad interna y los intereses oportunistas de sus detractores hacen de ese escenario un problema complejo que, para variar, también son consecuencia de malas decisiones tomadas por el caprichoso gobierno de Velasco Coello… así las cosas.

 

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