El Juan Rulfo de todos en el centenario de su natalicio

El Juan Rulfo de todos en el centenario de su natalicio

En San Gabriel, Tuxcacuesco, Sayula o Guadalajara recuerdan con nostalgia y cariño a uno de los mayores autores mexicanos del siglo XX

Nota y foto “Excélsior”

CIUDAD DE MÉXICO.

Hoy comienza la gran fiesta en la región del sur de Jalisco, que comprende los municipios de Sayula, Tuxcacuesco y San Gabriel, con el inicio de la primera ruta cultural “El realismo mágico de Juan”, que busca acercar a los interesados a los lugares que inspiraron la obra de Juan Rulfo.

 

En el marco del centenario del natalicio del autor de El llano en llamas y Pedro Páramo, que se conmemora hoy, también habrá numerosas actividades culturales, artísticas y gastronómicas durante todo mayo en los tres poblados.

Irma Salamanca, organizadora de la ruta patrocinada por los tres niveles de gobierno, comenta en entrevista que durante los festejos esperan un aproximado de 20 mil personas. “El reto es grande, porque hay que darles un buen servicio”.

La promotora cultural comenta que, después de los festejos, aumentará el trabajo, pues deben activar la ruta con visitas guiadas. “El primer punto será el mirador El Páramo, que se inauguró ayer con un presupuesto de cuatro millones de pesos. La idea es disfrutar de una vista completa de San Gabriel, el Comala de Rulfo”, detalla.

Aquí se erigirá una escultura del novelista y cuentista de un metro con 20 centímetros de altura, que recrea una escena de El llano en llamas. En una superficie de mil 600 metros cuadrados, se edificó una explanada con un foro teatral donde se organizarán actividades culturales. “Esperamos recibir cuatro autobuses los fines de semana”.

Asegura que, aunque es cierto que la gente, como dice Rulfo en sus cuentos, es callada y silenciosa, sobre todo las personas mayores, los jóvenes están muy entusiasmados con la ruta. “En las escuelas, se les hacen lecturas de la obra rulfiana a los niños, para que la conozcan. Ellos son los anfitriones, quienes rendirán un homenaje al escritor que nos representa a nivel mundial y que refleja un México singular que permite conocer el alma de esta región”.

Mauricio Llanos Almaraz, director de Cultura de Tuxcacuesco y maestro de literatura, ha montado, durante el semestre enero-mayo, dos obras de teatro inspiradas en los relatos El día del derrumbe y Talpa.

Los audios, con efectos y música, ya están grabados previamente, informa, y las piezas serán interpretadas por 23 estudiantes de preparatoria. Desde hoy y hasta el 21 de mayo recorrerán diversos sitios estratégicos del municipio.

José Guadalupe Fletes, presidente municipal de Tuxcacuesco, detalla que el turismo ha aumentado entre un 50 o 60 por ciento con esta ruta cultural. “Nosotros ofrecemos visitas a la ex Hacienda de Apulco donde nació Rulfo, ahora convertida en monasterio; a la Basílica que él frecuentó y a la Hacienda Zenzontla. Acabamos también de colocar unas esculturas: él sentado enfrente a la iglesia, bajo un arrayán, como uno de los personajes de su obra”.

Y Jorge Campos, alcalde de Sayula, dice que los habitantes de la región están listos para compartir con los visitantes sus anécdotas y conocimientos sobre Rulfo y motivarlos a redescubrir su obra.

La ruta posee una oferta multidisciplinaria. Desde los templos, casas, escuelas, calles, plazas, puentes y murales en San Gabriel; y los ríos, ordeñas, museos y antiguas haciendas en Tuxcacuesco, hasta la cajeta artesanal de Sayula y el taller donde José Ojeda, de 90 años, amigo de Rulfo, confecciona los cuchillos que han adquirido fama internacional.

La tierra de Rulfo

Jalisco festeja el centenario del nacimiento del máximo narrador mexicano, que se conmemora hoy, con un recorrido por San Gabriel, Tuxcacuesco y Sayula, que permite acercarse a los paisajes que marcaron su obra.

SAN GABRIEL, JALISCO.- El niño que cuando llovía buscaba los montoncitos de ranas para escuchar su croar, el que volaba papalotes en el llano y disfrutaba el sonido alegre de las campanas. El joven que en la madrugada subía al cerro más cercano en busca de pitayas y le encantaba tomar fotos de casas antiguas. El hombre reservado, callado, “poco amigable con la gente”; pero a la vez jovial y platicador con sus hermanos. El asiduo fumador de Delicados a quien le gustaba también el vino. El escritor que inmortalizó las costumbres y el lenguaje de la región.

Juan Rulfo (1917-1986) es de todos los habitantes de San Gabriel, Tuxcacuesco y Sayula, Jalisco, lugares donde el novelista, cuentista y fotógrafo nació un día como hoy hace cien años, donde transcurrió su infancia, perdió a sus padres, fue separado de sus hermanos, realizó sus primeros estudios, nutrió su identidad literaria y a donde siempre regresó. Cada uno tiene su Rulfo. Lo llevan a flor de piel. Evocan fragmentos de su obra. Y fortalecen con sus recuerdos el mito que rodea al narrador.

Las plazas y calles centrales de estos tres municipios están tapizadas con las frases de los cuentos de El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955) que parecen aludirlos. Los pobladores siempre tienen un familiar, amigo o conocido que aparece como personaje en la obra rulfiana. Se acercan a los fuereños ávidos de contar sus anécdotas.

“Lo sentimos muy cerca, aunque no conocemos su obra, porque muchos están concentrados en sacar la comida diaria y no hay tiempo para el alimento del alma”, admite Jaime Cedano Vargas, vecino de la casa donde vivió el niño Rulfo en San Gabriel, en la calle Hidalgo número 8, cuyo padre, Lucio Cedano, es el personaje Fulgor Cedano de uno de los relatos del escritor.

“Aquí en ese pueblo, desafortunadamente, ni siquiera explotamos su nombre. No valoramos nada. Ni siquiera porque su Comala es San Gabriel”, afirma Cedano Vargas sobre el pueblo imaginario donde Juan Preciado busca a su padre, Pedro Páramo, un sitio donde hablan los muertos.

En San Gabriel, a unas dos horas de Guadalajara, comienza la primera ruta cultural dedicada a Rulfo, El realismo mágico de Juan, en la que participan además los ayuntamientos de Tuxcacuesco y Sayula y se sumará en breve Tonaya. Son más de 62 kilómetros de distancia y un siglo de historia. A estos destinos se puede acceder desde Guadalajara y desde Colima.

Independientemente de donde haya nacido, él decía que en la antigua Hacienda de Apulco, pero su acta de nacimiento y su fe de bautizo apuntan que en Sayula, o si vivió pocos meses o años en estas ciudades, lo cierto es que esta geografía de llanos, cactus, árboles camichines, niebla y temperaturas mayores a 35 grados marcó su obra hoy universal, agrega Rodrigo Sánchez Sosa, cronista de Sayula.

“Lo importante es quién eres y qué hiciste, no dónde naciste. No debemos pelear por eso”, concluye Jaime Cedano.

El llano grande

Quien desee seguir los pasos de Rulfo debe llegar primero a San Gabriel, el lugar de las querencias del narrador. “Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que ahí uno quisiera vivir para la eternidad”, fragmento que se reproduce en una de las mamparas públicas.

Fundado en 1576 y habitado por indígenas, mezcla de toltecas, otomíes y nahuas, en este lugar parece haberse detenido el tiempo: ahí están los templos y las calles que inspiraron al también guionista, las campanas replican cada hora y los ladridos de los perros siguen rompiendo el silencio.

Aquí nació la vocación literaria de Rulfo, cuenta José Villalvazo, vecino del centro y promotor de su obra. “Cuando llegó la Guerra Cristera, los sacerdotes guardaron la biblioteca de la parroquia en la casa de la abuela de Rulfo, porque estaban saqueando los templos. Y ahí fue cuando Juan empezó a leer libros”.

Señala que la calle de su casa inspiró el cuento de Macario, porque ahí el narrador vio un espectáculo que nunca olvidó. “Cuando va a llover se llena de ranitas y se oye la cantadera”.

Villalvazo ha leído varias veces la obra rulfiana y siempre estuvo al pendiente de las visitas del escritor. “Decía que las campanas de Guadalajara se oían tristes, y las de San Gabriel alegres. La última vez que vino fue con un grupo de compañeros del Instituto Nacional Indigenista (donde trabajó las últimas dos décadas de su vida), venían en varios camiones. Pero no quiso meterse a la casa donde vivió de niño, se quedó muy pensativo, como que le dio mucha tristeza”.

Con esta calidez hablan todos. Diego Barragán, promotor de Turismo de San Gabriel, y los guías Abraham Gustavo Herrera y Krisela Rodríguez ofrecen un detallado recorrido por los sitios emblemáticos a los que alude Rulfo en su obra cumbre, Pedro Páramo.

El paseo arranca con el mural del pintor Vicente Rocha dedicado a la novela mencionada, en el que recrea los personajes y la Comala fantasmal; y continúa con la visita a los Portales donde vendían los indígenas; a la Casa de las Artesanías, antes el hostal donde se hospeda el hijo de Páramo; el Puente Galápago, donde ocurre la expiación del padre Rentería; y el templo La Sangre de Cristo, que replicó por la muerte de Susana San Juan, única mujer que amó Pedro Páramo, por mencionar sólo unos.

Lugar especial es el antiguo Colegio de las Madres Josefinas. Aquí se puede entrar al salón donde el pequeño Juan tomaba clases de primaria, y La Loma, donde volaban los papalotes.

Amanecer en Tuxca

El canto de los gallos y el mugido de las vacas es lo primero que se escucha cuando amanece en Tuxcacuesco. Un sin fin de pájaros rompen el silencio de este poblado ganadero al que también se considera “el territorio más probable de la Comala rulfiana”.

Fundado en 1524, habitado originalmente por otomíes, Tuxcacuesco posee una población de cinco mil personas y alberga la ex Hacienda de Apulco, de los abuelos maternos de Rulfo, hoy convertida en monasterio, que algunos consideran el lugar de su nacimiento.

Lo que es seguro, detalla el presidente municipal José Guadalupe Fletes, es que el autor de cuentos como Luvina y Talpa haya sido criado según las costumbres de este pueblo.

Y una de las más singulares, además de los sopitos a la leña y los dulces artesanales, son los famosos pajaretes. “Es una mezcla de leche caliente, sacada directamente de la ubre de la vaca, con chocolate, azúcar y alcohol de caña.

“Es una tradición típica muy antigua, que seguramente Rulfo disfrutó. Antes, incluso, las ordeñas estaban en las casas, las tenías más cerca”, comenta Fletes, quien añade que al escritor tal vez, como a todo niño de la comarca, le enseñaron a ordeñar de niño.

Cerca se encuentra Tonaya, donde tenía su casa Severiano, el hermano mayor de Juan Rulfo. Aquí procuraban coincidir los cuatro hermanos (Francisco y Eva eran los otros dos), que fueron separados tras la muerte de sus padres.

Ubicada en la calle de Morelos 185, Excélsior visitó en exclusiva la casa donde Rulfo regresó un tiempo hacia el final de su vida. Aún se conservan las sillas, mesas y un escritorio de madera que decoraban la casona que nos abrió Alejandra Pérez Rulfo Moreno, sobrina nieta del escritor.

“Aquí, mi tío Juan vivió durante nueve meses. Mi abuela contaba que siempre se iba al cerro a tomar fotos, que cuando no lo encontraban ya sabían que madrugaba y se iba a tomar fotografías. Aquí sentía el hogar”, agrega.

Madre joven, Alejandra acababa de nacer cuando Rulfo murió, pero aclara que ha leído su obra. “Es una escritura rara, habla con los muertos y con los vivos y mezcla todo. Creo que fue por lo que les pasó, que mataron al papá, quedaron huérfanos, luego murió la madre y separaron a los hermanos”.

Aquí también vive Mónico Soto, el primer médico de la región, uno de los personajes de ¿No oyes ladrar los perros? y Vamos a Tonaya, quien a sus 90 años de edad recuerda perfecto al narrador.

“Era callado, reservado, poco amigable con la gente. Lo conocí como médico. Me llamó su hermano Severiano para ver un enfermo, y era Juan Rulfo. No recuerdo qué padecía. Pero sí era fumador, le atacaba a los cigarros Delicados, que por cierto eran muy caros, 20 centavos la cajetilla”, indica.

“Me decía Moniquillo, le gustaba la música clásica. Yo le decía Juanillo en venganza. Creo que es admirable que una persona que ha destacado no se olvide de su terruño”.

Fuera de la sombra

Cabecera de la provincia de Ávalos desde 1530, en Sayula está registrado oficialmente el nacimiento de Juan Rulfo. “Nació en la calle Madero número 32, que era la casa de su abuelo paterno, don Severiano Pérez Jiménez”, aclara el cronista Rodrigo Sánchez Sosa.

El investigador descarta la teoría de que el autor de Nos han dado la tierra hubiera nacido en Apulco, pues, dice, en Tuxcacuesco había un registro civil y no había razón para haberlo registrado en Sayula, que está a 60 kilómetros de distancia y el viaje era a lomo de mula.

Lo cierto es que aquí comienza la estirpe paterna de los Rulfo. Hacia 1797 llegó a la región Juan Manuel de Rulfo, tatarabuelo del narrador. “No vienen de España, sino son criollos nacidos en Querétaro. José María Rulfo, quien hereda la escribanía de su padre Juan Manuel, sólo tiene un hijo y éste muere joven y sin familia. Ellos no quieren perder el apellido Rulfo, por eso juntan el Pérez-Rulfo”, detalla.

A pesar del poco tiempo que pasó en esta población, Rulfo revaloraba aquí sus orígenes. “Sayula está fuera de la sombra, esos lugares donde relata que la gente vive como fantasma, desolados. Cuando habla de Sayula hace una prosa poética muy bonita, la describe con niños riéndose, con las palomas volando, el sol reflejándose en las paredes. Sólo se compara con San Gabriel”, explica el estudioso.

Esta ciudad alberga un pequeño Museo Juan Rulfo, donde se exhibe permanentemente una muestra de fotografías familiares del autor, y se encuentra en construcción el centro cultural El Páramo.

El alcalde Jorge Campos Aguilar apunta que este foro albergará salas de exposiciones, espacios para conferencias, cine y áreas de pintura. Y que, tras una inversión federal, estatal y municipal de 9 millones de pesos, estará listo en un año.

En Sayula vive Eva, la hija de la única hermana de Rulfo. “Él pintó más a San Gabriel y a Apulco que a Sayula. Pero en tiempo de pitayas le gustaba mucho venir y fotografiar las casas antiguas. Convivíamos en diciembre, la Navidad siempre la pasaba en Guadalajara, con la mamá de Clara y sus cuñados; y el 25 venía a la casa, con mi mamá y nosotros. Era muy jovial, le gustaba platicar. Era muy cariñoso con mi madre”, evoca.

Curiosamente, los familiares y amigos de Juan Rulfo entrevistados añoran algún libro autografiado que les obsequió el escritor, que no valoraron en su momento, que no cuidaron y alguien se los robó.

Sánchez Sosa, quien ha recorrido el sur de Jalisco, piensa que, más que un pueblo en específico, a Rulfo lo nutrió literariamente la historia y la identidad de su familia arraigada en esta zona sacudida por la Revolución y la Guerra Cristera, así como las costumbres de su gente, su lenguaje y el árido paisaje natural.

“Pero, sobre todo, lo marcó su infancia, el que hayan matado a su padre por la espalda, el que su madre haya muerto cuatro años después por depresión, el que haya crecido solo. Esas ausencias definieron su obra”, concluye.

Trayecto

A lo largo de más de 62 kilómetros en el estado de Jalisco se extiende la ruta rulfiana por:

San Gabriel

Tuxcacuesco

Sayula

Tonaya

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